8 abr. 2009

Pensando en Islandia


Ahora mismo estoy de vacaciones. Estoy esperando ansioso mi viaje a Islandia. Será la próxima semana. Allá iré como profesor de márketing. Se trata de un proyecto financiado por la UE y en el que participan universidades y colleges de Islandia, Noruega, Dinamarca, Suecia, Filandia y Lituania. Es un proyecto educativo promovido por la islandesa Universidad de Akureyri y que gira entorno a la promoción del turismo sostenible. Las institutiones implicadas quieren crear un programa estable de turismo que favorezca el intercambio de profesores y estudiantes. Es la primera vez que piso suelo islandés. A estas alturas de abril supongo que el clima será bastante benigno. De todas maneras, tras este duro invierno, que acabamos de dejar atrás ya nada me da miedo.

Es interesante este asunto de Islandia. Tiene un marcado simbolismo. Resulta que Islandia fue el primer país en reconocer la independencia de los países bálticos. Aquí, en Lituania, no hay ciudad o pueblito que no tenga una calle o una plaza dedicada a
Islandija. Muchos de los trolebuses que atraviesan Kaunas mueren en Islandijos Aikste. La plaza de Islandia.

Los trolebuses son la vida de Kaunas. El servicio acaba alrededor de las 11 de la noche. Después de esa hora sólo es posible tomar los taxis que esperan algún cliente incauto. Aquí los taxis resultan algo caros para el bolsillo del lituano medio. Pero, si encima eres extranjero, corres el riesgo de que te claven como a un nazareno. Cuando los trolebuses dejan de funcionar esta ciudad literalmente se va a dormir. La primera vez que vine a Kaunas fue en agosto de 2006. El billete de trolebús costaba 90 céntimos de lita si lo comprabas en los kioskos. Ahora el coste del billete sencillo de trolebús es de 1'70 si se adquiere en el kiosko, 2 litas si se compra en el mismo trolebús. En Vilnius la cosa aún ha ido peor. El precio del trolebús, según recuerdo, estaba por debajo del precio que tenía en Kaunas. Sólo en septiembre del año pasado un billete de trolebús costaba 1'50 si lo comprabas en el mismo autobús. Ahora el precio es de 2'50. El servicio sigue siendo el mismo. Los mismos desvencijados trolebuses de color crema fabricados en la antigua Checoslovaquia. Pero el ciudadano de a pie tiene que pagar una lita más cada vez que se sube a uno de ellos. Hay aquí una inflación galopante en productos y servicios básicos como los alimentos y el transporte. Pero sobre todo ello hablaré en otro momento.

Este país funciona, en gran medida, por lo que dejó la Unión Soviética. Viviendas baratas que alojan a pensionistas, trabajadores y estudiantes sin recursos y un viejo parque de trolebuses y autobuses desvencijados que todavía siguen dando servicio. La mayoría de habitantes de estos países viven en esas viviendas y se trasportan utilizando el viejo parque de autobuses y trolebuses que dejaron los soviéticos. Hasta hace poco también funcionaba gracias a la central atómica de Ignalina que seguía el mismo modelo que la central de Chernobil. Ahora, con su cierre, y la venta de los derechos de gestión de la nueva central atómica en construcción a la cadena de supermercados MAXIMA la energía ha dejado de ser barata en Lituania. Y ha caído en manos de una de las empresas que, por sus prácticas comerciales y laborales, es una de las compañías más cuestionadas en este país. Ahora pago por la calefacción de este pequeño apartamento donde vivo casi el doble de lo que pagaba el año pasado. El apartamento ha dejado de ser barato al menos durante los meses de invierno. En fin volveré sobre todo esto muy pronto.

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